
La noche llega con su siniestro manto
Atrayendo los dulces y sangrantes quejidos del mundo hacia si
Deleitándose con el dolor, la pasión y placer que emanan sin cesar
La noche es mi santuario sagrado e inmortal
Desde que llega hasta el momento en que se va
No hay por qué negarlo,
El atisbo de ansiedad se cierne en mi mirada desangrada
Por el placentero dolor que me causas
Ese dolor...dulce y placentero
Se trastorna con la tenue oscuridad de mi alma
La noche se asoma una vez más indicando el inicio de una nueva agonía…


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